Tomarse un par de tragos después de un fuerte día de trabajo, es, tal vez, una de las recompensas más agradables, más aún, si esta actividad es realizada con algunos viejos amigos o compañeros de labor.
Se debe reconocer que el alcohol puede llegar a ser un elemento de gran importancia en la interacción social. De hecho, es frecuente ver en las reuniones o fiestas la presencia de bebidas espirituosas de diferentes “calibres”, que son capaces de lograr una mayor “fluidez” en el comportamiento de, incluso, el más recatado. Obviamente, esto es relativo.
La bebida está presente en todo el mundo; es fácil imaginarse a empresarios nipones cerrando tratos trascendentales con varias botellas de sake de por medio, y ni hablar de las tabernas escocesas, irlandesas o alemanas, en las que la cerveza es la reina indiscutible. No obstante, países como Finlandia tienen graves problemas con la ingesta excesiva de alcohol, de hecho, esa es una las primeras causas de muerte en el país nórdico.
En Venezuela no estamos exentos de la ingesta alcohólica. En Caracas, durante los fines de semana, es muy frecuente ver como las licorerías son atiborradas de personas sedientas de licor. Si no hay oportunidad de beber en un local o en el hogar, no importa, la calle es también un sitio apropiado para tomarse unos tragos. ¿Quién no ha visto más de un Corsa, Machito o Yaris con la maleta desplegada, repleta de botellas y hielo en las cercanías de estos locales?
Esta actividad es común en cada esquina, y se acentúa los días viernes de quincena en las zonas más depreciadas de la capital, aunque este hecho puede abarcar cualquier área de Caracas, sin importar estrato socioeconómico. Es una actividad “religiosa” y casi “deportiva”, que implica la ingesta alcohólica de hombres y mujeres por igual y un intercambio de ideas que habitualmente acaricia lo baladí.
La bebida también representa una especie “catalizador” en las zonas más humildes de Venezuela. No importa la hora o el día, la cervecita puede ser ingerida en el almuerzo, después del trabajo o incluso en horas de la mañana, bien sea viernes, domingo, martes o jueves. Cualquier excusa es válida. Fulminar la ganancia de un día de trabajo en licor es, para los más pobres, irrelevante.
El alcohólico utiliza la bebida como válvula de escape. Es su refugio ante una realidad espantosa que lo acosa día y noche. Es su escondite. Proyectar este problema de carácter individual a una sociedad entera, es labor propia de un sociólogo.
Aunque no soy especialista en la materia, me aventuro a opinar que para un gran porcentaje de venezolanos, es muy importante beber. No se trata sólo de facilitar la interacción social. Va más allá. Se trata de huir momentáneamente de todo lo que nos rodea, porque es evidente que nuestra realidad social y política es antagonista a la de países como Alemania, Escocia, Irlanda o incluso Finlandia.
Ausencia total del Estado de Derecho que se traduce en anarquía absoluta; en la actualidad, esto es Venezuela. Chávez es sólo la punta de iceberg. De nada vale sacarlo del poder si aún mantenemos la misma actitud inconsciente, irresponsable e indiferente ante nuestro entorno, que más allá de camionetotas y carrotes, se hunde en un comunismo mohoso y jurásico. El licor sólo nos ayudará a escapar de forma transitoria; al día siguiente todo será igual o peor, con un agregado: dolor de cabeza.
Definitivamente, no es buena época para embriagarse y estar alegres de forma transitoria. Cuando despertemos de esta pesadilla, tendremos excusas de sobra para beber, pero por ahora, nuestro país espera por nosotros. Es apropiado recordar que la ignorancia también puede ser sinónimo de felicidad.
Se debe reconocer que el alcohol puede llegar a ser un elemento de gran importancia en la interacción social. De hecho, es frecuente ver en las reuniones o fiestas la presencia de bebidas espirituosas de diferentes “calibres”, que son capaces de lograr una mayor “fluidez” en el comportamiento de, incluso, el más recatado. Obviamente, esto es relativo.
La bebida está presente en todo el mundo; es fácil imaginarse a empresarios nipones cerrando tratos trascendentales con varias botellas de sake de por medio, y ni hablar de las tabernas escocesas, irlandesas o alemanas, en las que la cerveza es la reina indiscutible. No obstante, países como Finlandia tienen graves problemas con la ingesta excesiva de alcohol, de hecho, esa es una las primeras causas de muerte en el país nórdico.
En Venezuela no estamos exentos de la ingesta alcohólica. En Caracas, durante los fines de semana, es muy frecuente ver como las licorerías son atiborradas de personas sedientas de licor. Si no hay oportunidad de beber en un local o en el hogar, no importa, la calle es también un sitio apropiado para tomarse unos tragos. ¿Quién no ha visto más de un Corsa, Machito o Yaris con la maleta desplegada, repleta de botellas y hielo en las cercanías de estos locales?
Esta actividad es común en cada esquina, y se acentúa los días viernes de quincena en las zonas más depreciadas de la capital, aunque este hecho puede abarcar cualquier área de Caracas, sin importar estrato socioeconómico. Es una actividad “religiosa” y casi “deportiva”, que implica la ingesta alcohólica de hombres y mujeres por igual y un intercambio de ideas que habitualmente acaricia lo baladí.
La bebida también representa una especie “catalizador” en las zonas más humildes de Venezuela. No importa la hora o el día, la cervecita puede ser ingerida en el almuerzo, después del trabajo o incluso en horas de la mañana, bien sea viernes, domingo, martes o jueves. Cualquier excusa es válida. Fulminar la ganancia de un día de trabajo en licor es, para los más pobres, irrelevante.
El alcohólico utiliza la bebida como válvula de escape. Es su refugio ante una realidad espantosa que lo acosa día y noche. Es su escondite. Proyectar este problema de carácter individual a una sociedad entera, es labor propia de un sociólogo.
Aunque no soy especialista en la materia, me aventuro a opinar que para un gran porcentaje de venezolanos, es muy importante beber. No se trata sólo de facilitar la interacción social. Va más allá. Se trata de huir momentáneamente de todo lo que nos rodea, porque es evidente que nuestra realidad social y política es antagonista a la de países como Alemania, Escocia, Irlanda o incluso Finlandia.
Ausencia total del Estado de Derecho que se traduce en anarquía absoluta; en la actualidad, esto es Venezuela. Chávez es sólo la punta de iceberg. De nada vale sacarlo del poder si aún mantenemos la misma actitud inconsciente, irresponsable e indiferente ante nuestro entorno, que más allá de camionetotas y carrotes, se hunde en un comunismo mohoso y jurásico. El licor sólo nos ayudará a escapar de forma transitoria; al día siguiente todo será igual o peor, con un agregado: dolor de cabeza.
Definitivamente, no es buena época para embriagarse y estar alegres de forma transitoria. Cuando despertemos de esta pesadilla, tendremos excusas de sobra para beber, pero por ahora, nuestro país espera por nosotros. Es apropiado recordar que la ignorancia también puede ser sinónimo de felicidad.
Luis Félix Flores P.