miércoles, 18 de diciembre de 2013

Pueblo inocente

En una entrevista publicada recientemente en El Universal, Henry Ramos Allup,  secretario general nacional de Acción Democrática, aseguró  que la oposición no contaba con las “medidas que tomó el Gobierno contra el desabastecimiento y contra la especulación, que tuvieron una enorme incidencia en los resultados electorales, porque pareciera que el Gobierno tiene asesores a quienes se les está moviendo el coco”. Dicho comentario, fue hecho para tratar de explicar los agridulces resultados opositores en las elecciones municipales realizadas el pasado 8 de diciembre. Otros  analistas y expertos en  materia política coinciden con el dirigente adeco: la acción de Maduro fue una “jugada maestra”, una “genialidad”, un movimiento estratégico generado por la inteligencia superior de los asesores gobierneros a los cuales se les “mueve el coco”.
Tal vez esa supuesta “jugada maestra” de los comunistas venecubanos, es producto de una visión más clara de la realidad sociológica criolla, y de allí surgen el éxito electoral y la consecuente cubanización de Venezuela, sin ataduras ni obstáculos, con el firme propósito de empotrarse durante muchísimos años en las altas y dulces esferas del Gobierno. La oposición, por su parte, le hace el juego a Maduro, bien sea por miopía o complicidad.
En las declaraciones de Ramos Allup hay una frase reveladora: “las medidas que tomó el Gobierno contra el desabastecimiento y (…) la especulación (…) tuvieron una enorme incidencia en los resultados electorales”. Es decir, que conociendo la marginalidad mental del venezolano promedio, y frente a un escenario electoral cercano y en principio adverso, la decisión de Miraflores fue promover el saqueo controlado. Obviamente esta medida no fue ordenada bajo los efectos de los influjos lunares; fue pensada, planificada y ejecutada de forma quirúrgica para lograr réditos electorales. Evidentemente, los comunistas venecubanos conocen las debilidades del recurso humano local: pobreza de espíritu, banalidad, complejo de inferioridad y superficialidad. Si se exacerban y estimulan esas particularidades en nuestro pueblo, voilá, votos seguros. Allí está la fórmula.
De ser equívoca esta visión, por qué una decisión de esa clase tendría “una enorme incidencia en los resultados electorales”.  Cómo se explica entonces que un pueblo decida su voto sobre la base de electrodomésticos rebajados, robados o regalados, incluso a costa de largas y tortuosas colas. La razón es simple, en dos platos: el venezolano promedio vende su voto por cualquier dádiva. No tiene noción de lo que significa democracia, no sabe donde está parado ni cual es su camino.
Lamentablemente, muchísimos venezolanos son individuos superfluos y nimios que se limitan a sobrevivir en los escenarios más difíciles. Son gente feliz y conforme en un estado perenne de peligro; contentos con lo poco, feo, malo y destruido que le ofrecen los comunistas venecubanos. Para ellos vale más la pena hacer la cola por un plasma que ejercer su derecho al voto consciente. Es aprovechar la rebajita que facilitó el Gobierno, porque a  ellos, les “toca la gotica de petróleo”. Después agradecen ciegamente.
¿Es lógico que un Gobierno tan corrupto y descuidado en lo atinente a la gestión pública todavía sea “votable”? ¿Cómo es posible que después de tantos años de robo, traición y despilfarro, los venecubanos comunistas conviertan una derrota en victoria con sólo llamar al saqueo controlado?
Venezuela está siendo invadida y la gran mayoría calla. Voltean a ver el Caracas Magallanes de turno. Ya es hora de que los venezolanos asumamos nuestras responsabilidades y dejemos de lado el concepto de niños, tontos e inocentes que tenemos de nosotros, idea que ha sido inoculada en nuestras mentes por políticos mediocres, cómplices e incapaces.  Somos victimarios, culpables del asesinato de una mujer llamada Venezuela.  Todos. Unos por omisión, otros por llevar el garrote en la mano.