Sin duda alguna, la lucha
estudiantil es la respuesta natural a la descomposición social generada he
impulsada por el propio Gobierno (y que nos afecta a todos por igual). De
hecho, los muchachos se enfrentan prácticamente solos a un Estado tomado por
extranjeros, desalmado y siniestro al que no le importa en lo absoluto derramar
la sangre de jóvenes venezolanos (verbigracia, lo ocurrido en la marcha del Día
de la Juventud). Todo se trata del hecho político. Todo se trata de mantener el
poder por el poder mismo.
En este escenario, la lucha estudiantil,
valiente y persistente, tal vez logre la liberación de los jóvenes secuestrados
por los cuerpos represivos del Gobierno, pero de allí a lograr que Maduro se
tambalee, es poco probable. Más allá del tema de la inseguridad, no se ha
planteado un mensaje político diáfano que logre cohesionar a los diversos grupos
sociales. Un ejemplo de ello podría ser la eliminación del Control de Cambio,
sistema causante de nuestra debacle económica, de nuestras
penurias, de la corrupción y la cubanización; mecanismo desarrollado e implantado por el
Gobierno. En tal sentido, la asociación mental sería simple: Nicolás Maduro y su
camarilla de ineptos en materia financiera son los responsables de que usted no
consiga nada en los anaqueles y haga colas interminables para obtener pocos productos.
Otro gancho político para la
protesta sería solicitar la renuncia de Nicolás Maduro. Este enfoque es incluso
más sencillo y poderoso, además de constitucional y aglutinador. Por desgracia,
nada de esto se ha definido y es lamentable que los estudiantes, que sufren al
igual que el resto de la población los desmanes, la escasez y la anarquía
propulsada por laboratorios comunistas, pongan en riesgo su vida e integridad
física por los derechos de todos los venezolanos y aun así, un grupo grueso de personas sea indiferente.
El reto es canalizar y
materializar un malestar latente en los grupos más desfavorecidos y humildes. Hasta
ahora, los sectores populares se han desentendido de lo que ocurre, porque aún
no comprenden que la lucha estudiantil también los involucra. Cuando los
vecinos de La Vega, Petare y Catia tengan los mismos objetivos que la gente de
El Cafetal, San Luis y los estudiantes, todo cambiará.
La protesta es un derecho
constitucional, no un delito, y en el contexto en el que estamos, de crisis y
anomia generalizada, es un deber ciudadano. Aprovechemos el impulso de la
juventud decidida y unámonos todos de forma integral, sistémica, a una dura lucha
cuyo propósito principal debe ser el cambio de Gobierno. De esta forma, la
muerte de valiosos jóvenes venezolanos no habrá sido en vano.