jueves, 3 de diciembre de 2015

Resentimiento

Aunque parezca insensato, en estos tiempos de escasez, pobreza, tristes navidades y anomia absoluta, aún se escuchan en la calle algunos gritos de “Viva Chávez”. En la actualidad, los seguidores del “Comandante Gigante Eterno Hipergaláctico” son obvia minoría, pero el nexo emocional con el difunto sigue vigente, y si la oposición es hoy mayoría, se debe a que muchos chavistas (los de la calle) no simpatizan con Maduro. ¿Pero que lleva a un gran porcentaje de venezolanos a extrañar a un señor que destruyó la estructura democrática (defectuosa, sí, pero democrática al fin y al cabo) y el tejido social de Venezuela?
Aunque la psicología social no es mi especialidad, me atrevo a decir que tras esa necedad y fanatismo absurdo subsiste un gran resentimiento social (defecto inherente en nuestra “sociedad” desde los tiempos  de independencia).  Obviamente, dicho sentimiento se ancló en un andamiaje de ignorancia que se consolidó en los inicios de la “4ta República”. Ese chavista ciego intelectualmente, guarda mucha rabia contra determinados sectores de la sociedad venezolana. Puede tener hambre, hacer colas por todo y tener poco dinero en los bolsillos; puede sufrir los azotes del hampa y recibir poco o nada del Gobierno rojo, pero nunca dejará de gritar “Viva Chávez”, porque su rencor es más fuerte que todo. Se trata simplemente de envidiar lo que no pudo lograr por injusticias sociales o simple incapacidad. De hecho, las actuales políticas gubernamentales han centrado sus esfuerzos en regalar desde títulos académicos “express”, hasta apartamentos, carros y neveras. Se trata de obsequiar estatus, de llenar los grandes vacíos causados por ese resentimiento. 
   

Chávez, sin lugar a dudas, era un gran resentido social y su conexión emocional con los sectores más desposeídos se basó en un “efecto espejo”, en el que los seguidores se veían reflejados en su líder (desde todo punto de vista, incluso físicamente). Aquella campaña de “Chávez es el pueblo” no fue casualidad.

viernes, 14 de febrero de 2014

¡Qué no sea en vano!

Sin duda alguna, la lucha estudiantil es la respuesta natural a la descomposición social generada he impulsada por el propio Gobierno (y que nos afecta a todos por igual). De hecho, los muchachos se enfrentan prácticamente solos a un Estado tomado por extranjeros, desalmado y siniestro al que no le importa en lo absoluto derramar la sangre de jóvenes venezolanos (verbigracia, lo ocurrido en la marcha del Día de la Juventud). Todo se trata del hecho político. Todo se trata de mantener el poder por el poder mismo.
En este escenario, la lucha estudiantil, valiente y persistente, tal vez logre la liberación de los jóvenes secuestrados por los cuerpos represivos del Gobierno, pero de allí a lograr que Maduro se tambalee, es poco probable. Más allá del tema de la inseguridad, no se ha planteado un mensaje político diáfano que logre cohesionar a los diversos grupos sociales. Un ejemplo de ello podría ser la eliminación del Control de Cambio, sistema causante de nuestra debacle económica, de nuestras penurias, de la corrupción y la cubanización; mecanismo desarrollado e implantado por el Gobierno. En tal sentido, la asociación mental sería simple: Nicolás Maduro y su camarilla de ineptos en materia financiera son los responsables de que usted no consiga nada en los anaqueles y haga colas interminables para obtener pocos productos. 

Otro gancho político para la protesta sería solicitar la renuncia de Nicolás Maduro. Este enfoque es incluso más sencillo y poderoso, además de constitucional y aglutinador. Por desgracia, nada de esto se ha definido y es lamentable que los estudiantes, que sufren al igual que el resto de la población los desmanes, la escasez y la anarquía propulsada por laboratorios comunistas, pongan en riesgo su vida e integridad física por los derechos de todos los venezolanos y aun así,  un grupo grueso de personas sea indiferente.
El reto es canalizar y materializar un malestar latente en los grupos más desfavorecidos y humildes. Hasta ahora, los sectores populares se han desentendido de lo que ocurre, porque aún no comprenden que la lucha estudiantil también los involucra. Cuando los vecinos de La Vega, Petare y Catia tengan los mismos objetivos que la gente de El Cafetal, San Luis y los estudiantes, todo cambiará.

La protesta es un derecho constitucional, no un delito, y en el contexto en el que estamos, de crisis y anomia generalizada, es un deber ciudadano. Aprovechemos el impulso de la juventud decidida y unámonos todos de forma integral, sistémica, a una dura lucha cuyo propósito principal debe ser el cambio de Gobierno. De esta forma, la muerte de valiosos jóvenes venezolanos no habrá sido en vano.     

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Pueblo inocente

En una entrevista publicada recientemente en El Universal, Henry Ramos Allup,  secretario general nacional de Acción Democrática, aseguró  que la oposición no contaba con las “medidas que tomó el Gobierno contra el desabastecimiento y contra la especulación, que tuvieron una enorme incidencia en los resultados electorales, porque pareciera que el Gobierno tiene asesores a quienes se les está moviendo el coco”. Dicho comentario, fue hecho para tratar de explicar los agridulces resultados opositores en las elecciones municipales realizadas el pasado 8 de diciembre. Otros  analistas y expertos en  materia política coinciden con el dirigente adeco: la acción de Maduro fue una “jugada maestra”, una “genialidad”, un movimiento estratégico generado por la inteligencia superior de los asesores gobierneros a los cuales se les “mueve el coco”.
Tal vez esa supuesta “jugada maestra” de los comunistas venecubanos, es producto de una visión más clara de la realidad sociológica criolla, y de allí surgen el éxito electoral y la consecuente cubanización de Venezuela, sin ataduras ni obstáculos, con el firme propósito de empotrarse durante muchísimos años en las altas y dulces esferas del Gobierno. La oposición, por su parte, le hace el juego a Maduro, bien sea por miopía o complicidad.
En las declaraciones de Ramos Allup hay una frase reveladora: “las medidas que tomó el Gobierno contra el desabastecimiento y (…) la especulación (…) tuvieron una enorme incidencia en los resultados electorales”. Es decir, que conociendo la marginalidad mental del venezolano promedio, y frente a un escenario electoral cercano y en principio adverso, la decisión de Miraflores fue promover el saqueo controlado. Obviamente esta medida no fue ordenada bajo los efectos de los influjos lunares; fue pensada, planificada y ejecutada de forma quirúrgica para lograr réditos electorales. Evidentemente, los comunistas venecubanos conocen las debilidades del recurso humano local: pobreza de espíritu, banalidad, complejo de inferioridad y superficialidad. Si se exacerban y estimulan esas particularidades en nuestro pueblo, voilá, votos seguros. Allí está la fórmula.
De ser equívoca esta visión, por qué una decisión de esa clase tendría “una enorme incidencia en los resultados electorales”.  Cómo se explica entonces que un pueblo decida su voto sobre la base de electrodomésticos rebajados, robados o regalados, incluso a costa de largas y tortuosas colas. La razón es simple, en dos platos: el venezolano promedio vende su voto por cualquier dádiva. No tiene noción de lo que significa democracia, no sabe donde está parado ni cual es su camino.
Lamentablemente, muchísimos venezolanos son individuos superfluos y nimios que se limitan a sobrevivir en los escenarios más difíciles. Son gente feliz y conforme en un estado perenne de peligro; contentos con lo poco, feo, malo y destruido que le ofrecen los comunistas venecubanos. Para ellos vale más la pena hacer la cola por un plasma que ejercer su derecho al voto consciente. Es aprovechar la rebajita que facilitó el Gobierno, porque a  ellos, les “toca la gotica de petróleo”. Después agradecen ciegamente.
¿Es lógico que un Gobierno tan corrupto y descuidado en lo atinente a la gestión pública todavía sea “votable”? ¿Cómo es posible que después de tantos años de robo, traición y despilfarro, los venecubanos comunistas conviertan una derrota en victoria con sólo llamar al saqueo controlado?
Venezuela está siendo invadida y la gran mayoría calla. Voltean a ver el Caracas Magallanes de turno. Ya es hora de que los venezolanos asumamos nuestras responsabilidades y dejemos de lado el concepto de niños, tontos e inocentes que tenemos de nosotros, idea que ha sido inoculada en nuestras mentes por políticos mediocres, cómplices e incapaces.  Somos victimarios, culpables del asesinato de una mujer llamada Venezuela.  Todos. Unos por omisión, otros por llevar el garrote en la mano.  


domingo, 17 de febrero de 2013

Crónica de una maldición

El 31 de julio de 1914 Venezuela cambió para siempre. Ese día, los técnicos de la Caribbean Petroleum Company (antigua Shell) perforaron el pozo Zumaque – 1, acontecimiento que sin duda alguna, redefinió el destino del país. Este hecho se haría más palpable después de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez,  quien mantuvo a la nación estancada bajo una mentalidad rural, primitiva, que de una forma u otra  nunca sería superada.
El boom petrolero, por ende, la riqueza abrupta, tuvo el mismo efecto de un maletín repleto de dólares (no el de Antonini) en manos de un indigente.  La maldición de lo que Juan Pablo Pérez Alfonso llamó el  Excremento del diablo avanzó, tomó fuerzas y al parecer nadie  desea detenerla. Arturo Uslar Pietri lo advirtió en 1936 con su artículo Sembrar el Petróleo:
“Esta gran proporción de riqueza de origen destructivo crecerá sin duda alguna el día en que los impuestos mineros se hagan más justos y remunerativos, hasta acercarse al sueño suicida de algunos ingenuos que ven como el ideal de la hacienda venezolana llegar a pagar la totalidad del Presupuesto con la sola renta de minas, lo que habría de traducir más simplemente así: llegar a hacer de Venezuela un país improductivo y ocioso, un inmenso parásito del petróleo, nadando en una abundancia momentánea y corruptora y abocado a una catástrofe inminente e inevitable…
Es menester sacar la mayor renta de las minas para invertirla totalmente en ayudas, facilidades y estímulos a la agricultura, la cría y las industrias nacionales. Que en lugar de ser el petróleo una maldición que haya de convertirnos en un pueblo parásito e inútil, sea la afortunada coyuntura que permita con su súbita riqueza acelerar y fortificar la evolución productora del pueblo venezolano en condiciones excepcionales...
La única política económica sabia y salvadora que debemos practicar, es la de transformar la renta minera en crédito agrícola, estimular la agricultura científica y moderna, importar sementales y pastos, repoblar los bosques, construir todas las represas y canalizaciones necesarias para regularizar la irrigación y el defectuoso régimen de las aguas, mecanizar e industrializar el campo, crear cooperativas para ciertos cultivos y pequeños propietarios para otros”.
Lamentablemente las palabras de Uslar Pietri fueron desatendidas. Los gobiernos de la Cuarta República  no sembraron el petróleo, por el contrario, incrementaron la dependencia en el excremento. La renta petrolera jamás fue utilizada para estimular la agricultura, repoblar e industrializar el campo.  Fue la antípoda; como lo advirtió el intelectual, el pueblo venezolano se convirtió en “parásito” de un producto finito, que sólo tenemos  gracias a la bondad de Dios.
La gente del campo no obtuvo mejoras en su calidad de vida, y las alternativas para optimizar sus estándares se ubicaron en  Caracas. La capital recibió venezolanos desde los cuatro puntos cardinales de la nación y el crecimiento de los cinturones de miseria fue paralelo. Con ello, polución, sobrepoblación, delincuencia, deterioro generalizado y paulatino de los servicios.

Asimismo, el desarrollo económico del  interior del país se limitó. La agricultura y la ganadería jamás tuvieron un desarrollo paralelo al de la producción petrolera.   
Aparentemente, este desenfoque fue intencional, ya que nunca hubo voluntad política para traducir la renta petrolera en un verdadero desarrollo económico-sistémico. Los gobiernos de turno sólo se interesaban en mantener el poder a través de sucias “estrategias políticas”. El populismo y clientelismo estuvieron a la orden del día al igual que la corrupción, mientras tanto, la ignorancia crecía entre miles de venezolanos. El axioma básico de mantener a la masa embrutecida para su fácil control se hizo patente. La propaganda y las promesas absurdas eran escuchadas con atención en el campo (casualmente, los antiguos estados bastiones de Acción Democrática ahora son chavistas).
Esta terrible situación se agravó con la llegada de Chávez en 1998. Actualmente, bajo el mandato inconstitucional  de unos cuatreros políticos, el precio del petróleo venezolano es de 108,75 dólares por barril. Vivimos la bonanza petrolera más pródiga de nuestra historia, pero hay situaciones anexas e inherentes: corrupción atroz, nuevos cinturones de miseria, devaluación de la moneda (que, tomando en cuenta el valor oficial, ha perdido su valor más de mil veces en la última generación). Además,  los venezolanos convivimos día a día con la escasez (20,4%), el racionamiento,  deterioro integral de la infraestructura a escala nacional (incluyendo el de la industria gasífera y petrolera – El Palito, Amuay), delincuencia bestial (Caracas ocupa la tercera posición en la lista de ciudades más peligrosas del mundo, mientras que Barquisimeto  alcanzó el noveno lugar. Ciudad Guayana es la número 20, Valencia la 31 y Maracaibo se ubica en la casilla 39 de la funesta tabla). El hampa reina en las cárceles y la anomia es absolutamente generalizada.
Obviamente, vivir en una nación petrolera ha sacado a relucir lo peor de nosotros. No hemos sido lo suficientemente inteligentes y responsables para manejar una riqueza que, más temprano que tarde,  llegará a su fin. Hoy día la voluntad política para aprovechar esta bonanza en favor del pueblo es nula. Es un círculo vicioso. Evidentemente, la ignorancia fue alimentada durante muchísimos años y el conformismo, la desidia e indiferencia ahora son las tablas de salvación en un triste contexto en el que apenas se sobrevive.  Bajo este escenario dantesco, ¿aún tendremos oportunidad de sembrar el petróleo?

jueves, 20 de diciembre de 2012


Estoica idiotez colectiva


Hace poco circuló por televisión una cuña que, además de graciosa y simpática, fue reveladora en muchos aspectos. Se trata del comercial de B52 en el que un muchacho con cara de tonto, soportaba toda clase de vejaciones, humillaciones y hasta tentaciones por el hecho de haber ingerido esta conocida bebida energética. Por supuesto, aguantó de todo sin perder en ningún momento esa sonrisa casi idiota, desde ataques masivos con pintura y huevos, hasta baños sorpresivos con agua. Esa fue la revelación: todos los venezolanos somos como el muchacho de la cuña.
Haciendo alusión al mensaje del comercial, al parecer los venezolanos nos atragantamos de una especie de brebaje que, en este caso, no sería energético, sino “atontador” o “idiotizador”. Aguantamos de todo y no hacemos nada. Somos un pueblo inmóvil, indiferente, por ende, responsable de todos nuestros males. Estamos encerrados en una especie de Matrix creada por el orden político de turno. A la mayoría sólo le preocupa su parcela, su microcosmos, sus problemas; por el contrario,  lo social en Venezuela no significa nada. Es un concepto vacío. Como dijo el poeta venezolano Pío Tamayo, “aquí no hay sociedad, sino suma de individuos”.
Encerrado en esta ceguera colectiva, el pueblo venezolano no tiene idea del vendaval que se avecina, y los “líderes de oposición”, también afectados por esta especie de brebaje (que en este caso no sería “atontador”, sino diabólico) ya preparan la mesa para el próximo debate: quién será el candidato en las posibles elecciones presidenciales 2013 en caso de que nuestro Semidiós-Presidente-Comandante-Líder-Máximo no haga efectiva la toma de posesión el próximo 10 de enero. Me asaltan varias dudas que creo razonables: 1) ¿Existe un parte médico oficial que corrobore la enfermedad del Semidiós?  2) Si Zeus efectivamente está más allá que acá, y ante la “inminente” realización de un nuevo proceso electoral ¿el debate de los “líderes de oposición” no debería centrarse en la depuración del REP y en la búsqueda de elecciones manuales? ¿Por qué la discusión actual se enfoca en la identidad del candidato? Sea quien sea, perderá, y aseguro esto porque las reglas no están claras. Son turbias. Hay trampa en estos procesos, es evidente.
Pero el fulano brebaje no nos permite reaccionar. La oposición no se centra en lo primordial, en lo obvio, sino en lo secundario. Tendrán sus intereses, sus arreglos. Ya es demasiado. Por otro lado,  la mayoría de la gente está cansada del tema político o simplemente ya no le interesa. Un parte hace lo que le dicen los “líderes” bajo estas premisas: “el voto es secreto; ganamos seguro; la unidad es un hecho”; otros, tal vez los más sabios, buscan la salida en Maiquetía y la mayoría cree que el Estado, disfrazado con el color del gobierno de turno, tiene el deber de regalarle todo. ¿Comunismo? ¿Qué es eso? Total, ¡qué importa! Mientras nos regalen la casa con paredes de Drywall, tengamos el último Blackberry, una camionetica y trabajemos en el Ministerio del Poder Popular de la Locura Colectiva Bolivariana Revolucionaria de Venezuela (mejor conocida como MPPLCBRV), todo bien.  
Huid del país donde uno solo ejerza todos los poderes: es un país de esclavos. Simón Bolívar. 

lunes, 15 de octubre de 2012

Algo huele a podrido en Venezuela


Mi intención no es llamar a la abstención y mucho menos estimular el cese de la lucha democrática, por el contrario. El objetivo de estas líneas es realizar un humilde planteamiento con respecto a lo que considero un error reiterativo que, de una u otra forma, los que adversamos a este régimen pseudodemocrático, hemos aceptado de manera consciente o inconsciente. Se trata de las fulanas máquinas de votación y todo lo relacionado con nuestro sistema electoral. A una semana de los comicios presidenciales, aún hay en el ambiente una sensación de fraude. Hay algo podrido que sinceramente no cuadra y que va más allá, incluso del ventajismo gubernamental plenamente denunciado.
Me parece increíble que a las 5pm del pasado 7 de octubre, cuando medios de comunicación  como el diario ABC de España o Le Monde francés daban como ganador a Capriles por 5 puntos basándose en encuestas a boca de urna, el CNE haya anunciado, apenas 5 horas después,  la victoria de Chávez por casi un millón y medio de votos. Me pregunto: cómo demonios se logra tal cantidad de votos en ese lapso de tiempo, cuando la mayoría de los centros de votación habían cerrado a las 6pm. Por otro lado, si los Exit Polls eran acertados, el crecimiento no fue de un millón y medio sino de dos millones de votos.
También me surge esta duda: ¿todas las personas que estaban en las colas de los centros de votación después de las 6pm eran chavistas? Además, ¿no se supone que el crecimiento porcentual de uno de los candidatos debe ser lógicamente proporcional al del contendiente? Es decir, si por ejemplo el ganador sube 3 puntos en un momento específico, el contrario al menos debería subir 2 ó 3, manteniendo por supuesto la diferencia con respecto al vencedor. Según los resultados ofrecidos por el CNE, los votantes que hacían la cola después de la hora de cierre de los centros (6:00pm) debieron ser chavistas en su mayoría.
Me cuesta creer que la fulana Operación Remolque de los chavistas haya logrado captar, así haya sido por listas y sobornos, a dos millones de personas en un lapso de tiempo relativamente corto. No digo que la victoria de Chávez haya sido imposible, pero dudo que las diferencias fuesen tan amplias. Hubo algo más. Irregularidades que aún no conocemos con detalle, y en mi humilde opinión, todo comienza con el fulano sistema electoral electrónico.
La rapidez y agilidad en los procesos electorales, la celeridad en el conteo de los votos y la accesibilidad  para los votantes discapacitados, fueron los principales argumentos que el CNE ofreció al momento de instaurar el sufragio electrónico en nuestro país. Pregunto: ¿algunas de estas “bondades” se han visto plasmadas en los últimos procesos electorales venezolanos? Por el contrario: largas colas, procesos lentos, máquinas inútiles y demora en la entrega de los boletines han sido una constante; también ha sido frecuente que personas de la tercera hayan esperado durante horas para ejercer su derecho. ¿Para qué entonces un sistema electoral electrónico? ¿No es más lógico entonces aplicar la votación manual?
No me cabe la menor duda que la informática es un mecanismo perfecto para la realización de fraudes electorales. De hecho, los británicos de Open Right Group han explicado que la falta de ensayos, procedimientos de auditoría inadecuados e insuficiente atención dados al sistema o diseño del proceso de la votación electrónica, puede producir "elecciones abiertas al error y al fraude electoral".
Asimismo, en un fallo emitido el 3 de marzo de 2009, la Corte Constitucional de Alemania se amparó en la cuestión de la transparencia para declarar inconstitucional y prohibir el uso de máquinas de votación electrónicas en procesos electorales. Otro de los problemas de estos sistemas, es que los simples mortales, ajenos al tema informático (me incluyo) podemos ser embaucados fácilmente. Este lenguaje puede ser manejado y comprendido por pocos, es decir, deja de ser de dominio masivo. Es excluyente, por más que se explique y se haga público. ¿Es esto 100% democrático?
Si al mejor “sistemita electoral del mundo” le agregamos las irregularidades en el REP, es fácil notar que la lucha de quienes adversamos esta locura de extrema izquierda, debe tomar otro sendero. Nuestra pugna debe ser democrática, sí, pero también fuerte, intensa. Debemos pelear por un sistema electoral limpio, que plasme el verdadero sentir del pueblo y elimine el peor de nuestros males: el miedo. Un CNE turbio jamás generará confianza, por ende, será incapaz de traducir lo que en realidad deseamos los venezolanos.
No podemos seguir admitiendo las reglas de un Gobierno trapero; basta también de complacer las decisiones de un liderazgo opositor tibio que acepta participar en procesos comiciales de cualquier índole o calibre bajo las condiciones y circunstancias que sean. Así jamás lograremos vencer. La oposición complaciente hace creer que vivimos en una democracia total. Por eso, aceptamos y convalidamos procesos electorales viciados, que nos trajeron derrotas frecuentes, por ende, deterioro de la fe y las ganas de luchar de muchos, muchísimos  venezolanos que ahora buscan nuevas oportunidades en tierras extranjeras. Para los políticos de oficio el 7 de octubre fue sólo una nueva batalla perdida, mientras que para otros fue algo muy doloroso, porque tenían la esperanza real de una victoria. Para muchos, esa fecha representaba la última oportunidad de hacer vida en Venezuela.
Participemos en las elecciones de diciembre, claro que sí, pero bajo condiciones aceptables, limpias, diáfanas. Luchemos por lograr esas condiciones y hagámoslo amparados en nuestra Constitución.  Depende de nosotros.

jueves, 17 de mayo de 2012

Pueblo


Para lograr obtener el significado real de la palabra pueblo, el psicólogo y genial escritor Axel Capriles, cita en su libro Las Fantasías de Juan Bimba, el concepto desarrollado por el periodista y poeta venezolano Cecilio Acosta:

“Resta ahora saber quiénes sean y puedan llamarse buenos ciudadanos. Así se califica a todos aquellos que están dedicados a menesteres y oficios de provecho, porque el trabajo es la virtud (…) Y si estos menesteres y oficios útiles son la labranza, el tráfico mercantil, las artes y las profesiones científicas, especialmente la aplicación práctica; quiere esto decir  que los buenos ciudadanos deben ser labradores, trajinantes, mercaderes, artesanos, hombres ocupados, en fin; y si esto es verdad, como aparece, quiere también decir, que los buenos ciudadanos deben tener propiedad, o renta, que es el resultado de la industria, el fruto y la recompensa del trabajo, y la esperanza de las familias”.

Más allá de que Capriles cite las palabras de Acosta  como soporte para tratar de englobar y conceptualizar de manera certera este vocablo, pienso que no existe mejor definición. La idea del poeta criollo se sustenta en el esfuerzo diario de trabajadores y profesionales que son propietarios y emprendedores, gracias al desarrollo empresarial e industrial de un país.

Simplemente esta idea establece que un conjunto de ciudadanos, buenos ciudadanos, que brindan y aportan sus conocimientos en pro del crecimiento y desarrollo de la nación, cumpliendo deberes y derechos, son el pueblo real. No es el concepto asqueroso y manoseado que sale de las bocas de los timadores y bandidos que conforman nuestro actual Gobierno, cuya manida interpretación es la de una masa ignorante de humor simple, desdentada, ingenua o delincuente, que resuelve la vida timando o ejerciendo labores ilícitas o informales y se entretiene bebiendo durante la semana. 

Tampoco es la idea absurda creada por los adecos en la que los venezolanos somos un lote de campesinos inocentes y dependientes; no. Partiendo de esto, es lógico entonces deducir la razón por la cual los panegiristas y estrategas comunicacionales de esta desgracia histórica que estamos viviendo, insisten en decir que “Chávez es el pueblo”. Sencillamente, el actual Presidente representa lo peor de la venezolanidad.

Creo que para reconstruir una nación, es necesario redefinir fundamentos básicos pero vitales, que nos permitan formarnos como verdaderos ciudadanos y no como simples habitantes de una tierra repleta de bonitos y exóticos paisajes en la que sólo reina el caos.