Algo huele a podrido en Venezuela
Mi intención no es llamar a la abstención
y mucho menos estimular el cese de la lucha democrática, por el contrario. El
objetivo de estas líneas es realizar un humilde planteamiento con respecto a lo
que considero un error reiterativo que, de una u otra forma, los que adversamos
a este régimen pseudodemocrático, hemos aceptado de manera consciente o
inconsciente. Se trata de las fulanas máquinas de votación y todo lo
relacionado con nuestro sistema electoral. A una semana de los comicios
presidenciales, aún hay en el ambiente una sensación de fraude. Hay algo podrido
que sinceramente no cuadra y que va más allá, incluso del ventajismo gubernamental
plenamente denunciado.
Me parece increíble que a las 5pm
del pasado 7 de octubre, cuando medios de comunicación como el diario ABC de España o Le Monde
francés daban como ganador a Capriles por 5 puntos basándose en encuestas a
boca de urna, el CNE haya anunciado, apenas 5 horas después, la victoria de Chávez por casi un millón y
medio de votos. Me pregunto: cómo demonios se logra tal cantidad de votos en ese
lapso de tiempo, cuando la mayoría de los centros de votación habían cerrado a
las 6pm. Por otro lado, si los Exit Polls eran acertados, el crecimiento no fue
de un millón y medio sino de dos millones de votos.
También me surge esta duda: ¿todas
las personas que estaban en las colas de los centros de votación después de las
6pm eran chavistas? Además, ¿no se supone que el crecimiento porcentual de uno
de los candidatos debe ser lógicamente proporcional al del contendiente? Es
decir, si por ejemplo el ganador sube 3 puntos en un momento específico, el
contrario al menos debería subir 2 ó 3, manteniendo por supuesto la diferencia
con respecto al vencedor. Según los resultados ofrecidos por el CNE, los votantes
que hacían la cola después de la hora de cierre de los centros (6:00pm)
debieron ser chavistas en su mayoría.
Me cuesta creer que la fulana
Operación Remolque de los chavistas haya logrado captar, así haya sido por
listas y sobornos, a dos millones de personas en un lapso de tiempo
relativamente corto. No digo que la victoria de Chávez haya sido imposible,
pero dudo que las diferencias fuesen tan amplias. Hubo algo más.
Irregularidades que aún no conocemos con detalle, y en mi humilde opinión, todo
comienza con el fulano sistema electoral electrónico.
La rapidez y agilidad en los
procesos electorales, la celeridad en el conteo de los votos y la
accesibilidad para los votantes discapacitados,
fueron los principales argumentos que el CNE ofreció al momento de instaurar el
sufragio electrónico en nuestro país. Pregunto: ¿algunas de estas “bondades” se
han visto plasmadas en los últimos procesos electorales venezolanos? Por el
contrario: largas colas, procesos lentos, máquinas inútiles y demora en la
entrega de los boletines han sido una constante; también ha sido frecuente que
personas de la tercera hayan esperado durante horas para ejercer su derecho. ¿Para
qué entonces un sistema electoral electrónico? ¿No es más lógico entonces aplicar
la votación manual?
No me cabe la menor duda que la
informática es un mecanismo perfecto para la realización de fraudes electorales.
De hecho, los británicos de Open Right Group han explicado que la falta de
ensayos, procedimientos de auditoría inadecuados e insuficiente atención dados
al sistema o diseño del proceso de la votación electrónica, puede producir
"elecciones abiertas al error y al fraude electoral".
Asimismo, en un fallo emitido el
3 de marzo de 2009, la Corte Constitucional de Alemania se amparó en la
cuestión de la transparencia para declarar inconstitucional y prohibir el uso
de máquinas de votación electrónicas en procesos electorales. Otro de los
problemas de estos sistemas, es que los simples mortales, ajenos al tema
informático (me incluyo) podemos ser embaucados fácilmente. Este lenguaje puede
ser manejado y comprendido por pocos, es decir, deja de ser de dominio masivo.
Es excluyente, por más que se explique y se haga público. ¿Es esto 100% democrático?
Si al mejor “sistemita electoral del
mundo” le agregamos las irregularidades en el REP, es fácil notar que la lucha
de quienes adversamos esta locura de extrema izquierda, debe tomar otro
sendero. Nuestra pugna debe ser democrática, sí, pero también fuerte, intensa.
Debemos pelear por un sistema electoral limpio, que plasme el verdadero sentir
del pueblo y elimine el peor de nuestros males: el miedo. Un CNE turbio jamás generará
confianza, por ende, será incapaz de traducir lo que en realidad deseamos los
venezolanos.
No podemos seguir admitiendo las
reglas de un Gobierno trapero; basta también de complacer las decisiones de un
liderazgo opositor tibio que acepta participar en procesos comiciales de
cualquier índole o calibre bajo las condiciones y circunstancias que sean. Así
jamás lograremos vencer. La oposición complaciente hace creer que vivimos en
una democracia total. Por eso, aceptamos y convalidamos procesos electorales
viciados, que nos trajeron derrotas frecuentes, por ende, deterioro de la fe
y las ganas de luchar de muchos, muchísimos venezolanos que ahora buscan nuevas
oportunidades en tierras extranjeras. Para los políticos de oficio el 7 de octubre
fue sólo una nueva batalla perdida, mientras que para otros fue algo muy
doloroso, porque tenían la esperanza real de una victoria. Para muchos, esa
fecha representaba la última oportunidad de hacer vida en Venezuela.
Participemos en las elecciones de
diciembre, claro que sí, pero bajo condiciones aceptables, limpias, diáfanas.
Luchemos por lograr esas condiciones y hagámoslo amparados en nuestra
Constitución. Depende de nosotros.