jueves, 3 de diciembre de 2015

Resentimiento

Aunque parezca insensato, en estos tiempos de escasez, pobreza, tristes navidades y anomia absoluta, aún se escuchan en la calle algunos gritos de “Viva Chávez”. En la actualidad, los seguidores del “Comandante Gigante Eterno Hipergaláctico” son obvia minoría, pero el nexo emocional con el difunto sigue vigente, y si la oposición es hoy mayoría, se debe a que muchos chavistas (los de la calle) no simpatizan con Maduro. ¿Pero que lleva a un gran porcentaje de venezolanos a extrañar a un señor que destruyó la estructura democrática (defectuosa, sí, pero democrática al fin y al cabo) y el tejido social de Venezuela?
Aunque la psicología social no es mi especialidad, me atrevo a decir que tras esa necedad y fanatismo absurdo subsiste un gran resentimiento social (defecto inherente en nuestra “sociedad” desde los tiempos  de independencia).  Obviamente, dicho sentimiento se ancló en un andamiaje de ignorancia que se consolidó en los inicios de la “4ta República”. Ese chavista ciego intelectualmente, guarda mucha rabia contra determinados sectores de la sociedad venezolana. Puede tener hambre, hacer colas por todo y tener poco dinero en los bolsillos; puede sufrir los azotes del hampa y recibir poco o nada del Gobierno rojo, pero nunca dejará de gritar “Viva Chávez”, porque su rencor es más fuerte que todo. Se trata simplemente de envidiar lo que no pudo lograr por injusticias sociales o simple incapacidad. De hecho, las actuales políticas gubernamentales han centrado sus esfuerzos en regalar desde títulos académicos “express”, hasta apartamentos, carros y neveras. Se trata de obsequiar estatus, de llenar los grandes vacíos causados por ese resentimiento. 
   

Chávez, sin lugar a dudas, era un gran resentido social y su conexión emocional con los sectores más desposeídos se basó en un “efecto espejo”, en el que los seguidores se veían reflejados en su líder (desde todo punto de vista, incluso físicamente). Aquella campaña de “Chávez es el pueblo” no fue casualidad.