En una entrevista publicada recientemente
en El Universal, Henry Ramos Allup, secretario
general nacional de Acción Democrática, aseguró que la oposición no contaba con las “medidas
que tomó el Gobierno contra el desabastecimiento y contra la especulación, que
tuvieron una enorme incidencia en los resultados electorales, porque pareciera
que el Gobierno tiene asesores a quienes se les está moviendo el coco”. Dicho
comentario, fue hecho para tratar de explicar los agridulces resultados opositores
en las elecciones municipales realizadas el pasado 8 de diciembre. Otros analistas y expertos en materia política coinciden con el dirigente
adeco: la acción de Maduro fue una “jugada maestra”, una “genialidad”, un
movimiento estratégico generado por la inteligencia superior de los asesores
gobierneros a los cuales se les “mueve el coco”.
Tal vez esa supuesta “jugada
maestra” de los comunistas venecubanos, es producto de una visión más clara de
la realidad sociológica criolla, y de allí surgen el éxito electoral y la
consecuente cubanización de Venezuela, sin ataduras ni obstáculos, con el firme
propósito de empotrarse durante muchísimos años en las altas y dulces esferas
del Gobierno. La oposición, por su parte, le hace el juego a Maduro, bien sea
por miopía o complicidad.
En las declaraciones de Ramos
Allup hay una frase reveladora: “las medidas que tomó el Gobierno contra el
desabastecimiento y (…) la especulación (…) tuvieron una enorme incidencia en
los resultados electorales”. Es decir, que conociendo la marginalidad mental
del venezolano promedio, y frente a un escenario electoral cercano y en
principio adverso, la decisión de Miraflores fue promover el saqueo controlado.
Obviamente esta medida no fue ordenada bajo los efectos de los influjos
lunares; fue pensada, planificada y ejecutada de forma quirúrgica para lograr réditos
electorales. Evidentemente, los comunistas venecubanos conocen las debilidades
del recurso humano local: pobreza de espíritu, banalidad, complejo de
inferioridad y superficialidad. Si se exacerban y estimulan esas
particularidades en nuestro pueblo, voilá, votos seguros. Allí está la fórmula.
De ser equívoca esta visión, por
qué una decisión de esa clase tendría “una enorme incidencia en los resultados
electorales”. Cómo se explica entonces
que un pueblo decida su voto sobre la base de electrodomésticos rebajados,
robados o regalados, incluso a costa de largas y tortuosas colas. La razón es
simple, en dos platos: el venezolano promedio vende su voto por cualquier
dádiva. No tiene noción de lo que significa democracia, no sabe donde está
parado ni cual es su camino.
Lamentablemente, muchísimos venezolanos
son individuos superfluos y nimios que se limitan a sobrevivir en los
escenarios más difíciles. Son gente feliz y conforme en un estado perenne de
peligro; contentos con lo poco, feo, malo y destruido que le ofrecen los
comunistas venecubanos. Para ellos vale más la pena hacer la cola por un plasma
que ejercer su derecho al voto consciente. Es aprovechar la rebajita que
facilitó el Gobierno, porque a ellos,
les “toca la gotica de petróleo”. Después agradecen ciegamente.
¿Es lógico que un Gobierno tan corrupto
y descuidado en lo atinente a la gestión pública todavía sea “votable”? ¿Cómo
es posible que después de tantos años de robo, traición y despilfarro, los venecubanos
comunistas conviertan una derrota en victoria con sólo llamar al saqueo
controlado?
Venezuela está siendo invadida y
la gran mayoría calla. Voltean a ver el Caracas Magallanes de turno. Ya es hora
de que los venezolanos asumamos nuestras responsabilidades y dejemos de lado el
concepto de niños, tontos e inocentes que tenemos de nosotros, idea que ha sido
inoculada en nuestras mentes por políticos mediocres, cómplices e incapaces. Somos victimarios, culpables del asesinato de
una mujer llamada Venezuela. Todos. Unos
por omisión, otros por llevar el garrote en la mano.