viernes, 14 de febrero de 2014

¡Qué no sea en vano!

Sin duda alguna, la lucha estudiantil es la respuesta natural a la descomposición social generada he impulsada por el propio Gobierno (y que nos afecta a todos por igual). De hecho, los muchachos se enfrentan prácticamente solos a un Estado tomado por extranjeros, desalmado y siniestro al que no le importa en lo absoluto derramar la sangre de jóvenes venezolanos (verbigracia, lo ocurrido en la marcha del Día de la Juventud). Todo se trata del hecho político. Todo se trata de mantener el poder por el poder mismo.
En este escenario, la lucha estudiantil, valiente y persistente, tal vez logre la liberación de los jóvenes secuestrados por los cuerpos represivos del Gobierno, pero de allí a lograr que Maduro se tambalee, es poco probable. Más allá del tema de la inseguridad, no se ha planteado un mensaje político diáfano que logre cohesionar a los diversos grupos sociales. Un ejemplo de ello podría ser la eliminación del Control de Cambio, sistema causante de nuestra debacle económica, de nuestras penurias, de la corrupción y la cubanización; mecanismo desarrollado e implantado por el Gobierno. En tal sentido, la asociación mental sería simple: Nicolás Maduro y su camarilla de ineptos en materia financiera son los responsables de que usted no consiga nada en los anaqueles y haga colas interminables para obtener pocos productos. 

Otro gancho político para la protesta sería solicitar la renuncia de Nicolás Maduro. Este enfoque es incluso más sencillo y poderoso, además de constitucional y aglutinador. Por desgracia, nada de esto se ha definido y es lamentable que los estudiantes, que sufren al igual que el resto de la población los desmanes, la escasez y la anarquía propulsada por laboratorios comunistas, pongan en riesgo su vida e integridad física por los derechos de todos los venezolanos y aun así,  un grupo grueso de personas sea indiferente.
El reto es canalizar y materializar un malestar latente en los grupos más desfavorecidos y humildes. Hasta ahora, los sectores populares se han desentendido de lo que ocurre, porque aún no comprenden que la lucha estudiantil también los involucra. Cuando los vecinos de La Vega, Petare y Catia tengan los mismos objetivos que la gente de El Cafetal, San Luis y los estudiantes, todo cambiará.

La protesta es un derecho constitucional, no un delito, y en el contexto en el que estamos, de crisis y anomia generalizada, es un deber ciudadano. Aprovechemos el impulso de la juventud decidida y unámonos todos de forma integral, sistémica, a una dura lucha cuyo propósito principal debe ser el cambio de Gobierno. De esta forma, la muerte de valiosos jóvenes venezolanos no habrá sido en vano.     

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.