Para lograr obtener el significado real de la palabra pueblo, el psicólogo y genial escritor
Axel Capriles, cita en su libro Las
Fantasías de Juan Bimba, el concepto desarrollado por el periodista y poeta
venezolano Cecilio Acosta:
“Resta ahora saber
quiénes sean y puedan llamarse buenos ciudadanos. Así se califica a todos
aquellos que están dedicados a menesteres y oficios de provecho, porque el
trabajo es la virtud (…) Y si estos menesteres y oficios útiles son la labranza,
el tráfico mercantil, las artes y las profesiones científicas, especialmente la
aplicación práctica; quiere esto decir
que los buenos ciudadanos deben ser labradores, trajinantes, mercaderes,
artesanos, hombres ocupados, en fin; y si esto es verdad, como aparece, quiere
también decir, que los buenos ciudadanos deben tener propiedad, o renta, que es
el resultado de la industria, el fruto y la recompensa del trabajo, y la
esperanza de las familias”.
Más allá de que Capriles cite las palabras de Acosta como soporte para tratar de englobar y
conceptualizar de manera certera este vocablo, pienso que no existe mejor definición.
La idea del poeta criollo se sustenta en el esfuerzo diario de trabajadores y
profesionales que son propietarios y emprendedores, gracias al desarrollo
empresarial e industrial de un país.
Simplemente esta idea establece que un conjunto de ciudadanos,
buenos ciudadanos, que brindan y aportan sus conocimientos en pro del
crecimiento y desarrollo de la nación, cumpliendo deberes y derechos, son el pueblo real. No es el concepto asqueroso
y manoseado que sale de las bocas de los timadores y bandidos que conforman
nuestro actual Gobierno, cuya manida interpretación es la de una masa ignorante
de humor simple, desdentada, ingenua o delincuente, que resuelve la vida
timando o ejerciendo labores ilícitas o informales y se entretiene bebiendo durante
la semana.
Tampoco es la idea absurda creada por los adecos en la que los
venezolanos somos un lote de campesinos inocentes y dependientes; no. Partiendo
de esto, es lógico entonces deducir la razón por la cual los panegiristas y
estrategas comunicacionales de esta desgracia histórica que estamos viviendo, insisten
en decir que “Chávez es el pueblo”. Sencillamente,
el actual Presidente representa lo peor de la venezolanidad.
Creo que para reconstruir una nación, es necesario redefinir
fundamentos básicos pero vitales, que nos permitan formarnos como verdaderos
ciudadanos y no como simples habitantes de una tierra repleta de bonitos y
exóticos paisajes en la que sólo reina el caos.
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